La compasión. pensar en el otro

 Todos los días de la vida nos enfrentamos por diferentes circunstancias a situaciones como:

 

  • El vecino que se encuentra postrado en una cama y no dispone de recursos ni personas de la familia que puedan cuidarlo.
  • La vecina que tiene una cita médica, un examen médico o un tratamiento y no puede asistir porque no tiene quien se quede con su niño.
  • Personas de la tercera edad que viajan de pie en diferentes medios de transporte público.
  • Personas con algún tipo de discapacidad que tienen que atravesar una calle.
  • Señoras embarazadas que viajan de pie en los buses.
  • Señoras embarazadas haciendo largas filas para realizar algún pago.
  • Personas en sillas de ruedas que necesitan entrar a algún espacio público.
  • Niños o peatones que necesitan atravesar una calle.
  • Ciclistas en sus bicicletas transitando por los andenes para llegar más rápido
  • Motociclistas en contravía.
  • Personas en los buses, a pie o en carro particular tirando a la calle el vaso, la botella, el paquete o el papel que ya no necesitan.
  • Personas tirando a los ríos y a los mares toda clase de basura.
  • Personas que se suben a los asesores sin saludar.
  • Personas que dejan sus carros en cualquier lugar.
  • Personas que llegan a las clínicas u hospitales insultado y maltratando a todo el cuerpo médico que está tratando de hacer lo mejor con el paciente que llevan.
  • Personas que lavan carros, andenes, garajes y fachadas de edificios con agua apta para consumir.
  • Personas que llegan a los colegios de los hijos reclamando a gritos y con insultos alguna llamada de atención que le hizo un profesor a su hijo.
  • Personas que sacan a pasear a las mascotas y no limpian.
  • Personas que sacan la basura a la calle desde la noche anterior.
  • Personas que cuadran sus carros en zonas prohibidas.
  • Personas que acaban con los buses que les sirven de medio de transporte.
  • Personas que sienten el poder en un carro y andan por las vías pitando, atravesándose e irrespetando.
  • Personas que de forma consciente producen incendios.
  • Personas que al ocupar algún cargo público o privado tiene como la prioridad mayor sacar la mayor ventaja posible.

 

Este es el comportamiento “normal” de nosotros los seres humanos y no es mi tarea entrar a calificarlo como “bueno” o como “malo” eso quiero que lo haga cada uno de los que lean este artículo ya que el mensaje de este blog hoy es PENSAR EN EL OTRO.

 

Que maravillosa sería nuestra vida si cada vez que fuéramos a actuar nos detuviéramos a pensar por un segundo en el efecto que produce en los demás nuestras actuaciones, nuestras palabras, nuestras expresiones, nuestras manifestaciones.

 

Nosotros somos unos magos en juzgar, en ver la paja en el ojo ajeno, en criticar, en echarle la culpa a los otros; pero que hacemos nosotros para ayudar o trabajar para tener un día a día más armónico?

 

Si nosotros nos diéramos la oportunidad de intentar pensar y sentir como lo hace el otro empezaríamos a despertar en nosotros la compasión, la empatía, la misericordia y nuestras actuaciones egoístas desaparecerían logrando en cada momento de nuestra vida actuar con base al respeto, la solidaridad y la disposición al servicio.

 

El tratar de pensar y sentir como el otro nos hace desarrollar una de las virtudes más importantes y hermosas del ser humano, no enseña a ver lo más grande y maravilloso que tenemos cada uno de nosotros, nos ayuda a re-descubrir la grandeza de las personas, sus necesidades y padecimientos, con una actitud permanente de servir, ayudar, acompañar y comprender.

 

Al despertar el valor de la compasión reafirmamos y perfeccionamos otros valores como la Generosidad y la Capacidad de Servir ya que ponemos a disposición de los demás un poco de nuestro tiempo y nuestros pequeños recursos; Sencillez porque actuamos siempre para hacer la vida más amable a todos sin distinción; Solidaridad por tomar en nuestras manos los problemas ajenos haciéndolos propios y la Compasión porque nos ponemos en el lugar del otro, entendemos su necesidad e intervenimos de manera desinteresada.

 

Al practicar la compasión recordamos que todos nos hemos equivocado alguna vez, y que tuvimos o hubiésemos querido y necesitado que alguien fuera compasivo con nosotros, haciéndonos ver el error, acompañándonos, pero nunca juzgándonos.

 

La compasión y la lástima no son lo mismo. Nos acostumbramos a ver “la desgracias,” “el sufrimiento” o “los problemas” de los demás como algo que nunca nos va a alcanzar, como algo sin remedio y sentimos terror al pensar “¡qué sería de nosotros en esa situación!”, pero lastimosamente no hacemos nada por cambiarla, por solventarla, por hacerla menos pesada.

 

Entonces es en ese momento cuando debemos sentir compasión por nosotros mismos.

 

De que nos sirve profesar que somos practicantes de alguna religión, y que conocemos y practicamos técnicas espirituales si somos totalmente ajenos e indiferentes al dolor, a las necesidades y al sufrimiento de los demás?

 

Tengamos en cuenta que TODOS SOMOS UNO.

 

Con Infinito Amor

 

Beatriz Elena

CALI CONTIGO CIUDAD COMPASIVA